En la Solemnidad de Todos los santos

En la Solemnidad de hoy, el Señor nos concede la alegría de celebrar la gloria de la Jerusalén celestial, nuestra madre, donde una multitud de hermanos nuestros le alaban eternamente. Hacia ella, como peregrinos, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y animados por la gloria de los Santos; en ellos, miembros gloriosos de su Iglesia, encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad.
Nosotros somos todavía la Iglesia peregrina que se dirige al Cielo; y, mientras caminamos, hemos de reunir ese tesoro de buenas obras con el que un día nos presentaremos ante nuestro Dios. Hemos oído la invitación del Señor: Si alguno quiere venir en pos de Mí... Todos hemos sido llamados a la plenitud de la vida en Cristo. Nos llama el Señor en una ocupación profesional, para que allí le encontremos, realizando aquella tarea con perfección humana y, a la vez, con sentido sobrenatural: ofreciéndola a Dios, ejercitando la caridad con las personas que tratamos, viviendo la mortificación en su realización, buscando ya aquí en la tierra el rostro de Dios, que un día veremos cara a cara. Esta contemplación trato de amistad con nuestro Padre Dios podemos y debemos adquirirla a través de las cosas de todos los días, que se repiten muchas veces, con aparente monotonía, pues «para amar a Dios y servirle, no es necesario hacer cosas raras. A todos los hombres sin excepción, Cristo les pide que sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo, y encontrar así a Dios en el camino de sus vidas».
¿Qué otra cosa hicieron esas madres de familia, esos intelectuales o aquellos obreros..., para estar en el Cielo? Porque a él queremos ir nosotros; es lo único que, de modo absoluto, nos importa. Esta santa decisión tiene mucha importancia para los demás. Si, con la gracia de Dios y la ayuda de tantos, alcanzamos el Cielo, no iremos solos: arrastraremos a muchos con nosotros.
Quienes han llegado ya, procuraron santificar las realidades pequeñas de todos los días; y si alguna vez no fueron fieles, se arrepintieron y recomenzaron el camino de nuevo. Eso hemos de hacer nosotros: ganarnos el Cielo cada día con lo que tenemos entre manos, entre las personas que Dios ha querido poner a nuestro lado.


https://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria.aspx

Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD:


Miércoles 2 de octubre de 2013


Mi amadísima hija, hay una gran idea equivocada en cuanto a lo que hace a un hombre o a una mujer santo a Mis Ojos.


Muchas personas en el mundo encuentran la práctica de la fe cristiana difícil de acoger cuando se trata de la oración. Tanta gente buena y bien intencionada encuentra difícil sentarse en silencio en contemplación tranquila de Mis Grandes Lecciones dadas al mundo con el fin de hacerles entender lo que se espera de ellos. No hago grandes exigencias. No fuerzo a las almas a dedicar horas y horas ante Mí y sin embargo, Soy tan feliz cuando las almas humildes hacen esto - pero es una cosa poco común.


Así es como deseo desarrollar una relación íntima con todos los hijos de Dios. Solo necesito escuchar vuestra vocecita clamar a Mí cuando os gustara compartir vuestros pensamientos privados; vuestros dolores; vuestra alegría; vuestras preocupaciones; vuestros fracasos y vuestro anhelo por Mí, para que pueda hacerme Presente y presenciado por vosotros.


Nunca antes en la historia del mundo Dios permitirá que Él Mismo sea sentido, dentro de las almas de aquellos que lo buscarán ahora - a través de Mí, Su único Hijo. Por el poder de Dios, el Padre, el Altísimo - vengo ante incluso los más humildes, los más indignos, los más confundidos, los más atormentados de espíritu, para daros el Don de ser testigos de Mi Presencia. ¿Cómo hago esto? ¿Cómo sabréis que me comunico con vosotros? Os llenaré primero con las lágrimas de conversión. Comenzaréis a sentir gran dolor conforme revivís Mi Crucifixión. Comenzaréis a ver la vida, incluso en situaciones cotidianas, a través de Mis Ojos. Seréis atraídos a otros, que han sido llenados ya con el Don del Espíritu Santo.


No elijo a aquellos que vosotros creéis son más dignos, más santos, más bendecidos, más disciplinados, que vosotros. Elijo solo a aquellos que vienen a Mí en total humildad, donde su propio libre albedrío ha sido por ellos voluntariamente abandonado, para que pueda volverse Mi Voluntad.


Si verdaderamente me amáis, conoceréis la verdadera paz. Si verdaderamente me amáis me diréis:


“Jesús Tu Voluntad es todo lo que importa. Mi libre albedrío es Tuyo. Haz con él lo que desees.”


Cuando un alma me dice esto, son verdaderos siervos Míos y ellos son la razón por la que puedo salvar al resto de aquellos que son demasiado tercos para reconocer el significado de estar en unión Conmigo.


Puedo hacer muchas cosas y crear muchos milagros, cuando el libre albedrío, dado a cada persona por Mi Padre, es ofrecido de regreso a Mí, Su Hijo. Este es el mayor poder, que eliminará el poder de la bestia cuando llegue al poder. Venid a Mí y regalad vuestro libre albedrío a Mi Padre, con el fin de traer la libertad a la raza humana. Por favor recitad esta Cruzada de Oración especial:


Cruzada de Oración (123) Regalo del libre albedrío a Dios:

Mi queridísimo Jesús, escucha esta oración de mí, un alma muy indigna y ayúdame a amarte más. Por mi libre albedrío, Te ofrezco este Regalo de regreso, querido Jesús, para que pueda convertirme en Tu humilde servidor y permanecer obediente a la Voluntad de Dios.


Mi voluntad es Tu Voluntad. Tu Mandato significa que soy obediente a todos Tus deseos.


Mi libre albedrío es Tuyo para hacer con él lo que sea que es necesario para salvar a todas las personas, por todo el mundo, quienes están separadas de Tí.


Otorgo este Regalo, el cual me fue dado al nacer, a Tu Santísimo Servicio. Amén.


Cuantos más comencéis a conocerme, mejor comprenderéis dos cosas. Mis Enseñanzas nunca han cambiado. Amo a todas las almas.


Vuestro Jesús



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