¿Entiende Bergoglio el celibato por el Reino de los Cielos?


El fin del celibato sacerdotal comienza su andadura tras el Sínodo de la Amazonia. Este texto demuestra que si Bergoglio no entiende el valor de la virginidad por el Reino de los Cielos es porque no comprende o no le importan las cuestiones vitales de la Esposa de Cristo:
 Quienes han recibido la llamada a servir a Dios en el matrimonio, se santifican precisamente en el cumplimiento abnegado y fiel de los deberes conyugales, que para ellos se hace camino cierto de unión con Dios. Quienes han recibido la vocación al celibato apostólico, encuentran en la entrega total al Señor y a los demás por Dios, indiviso corde, sin la mediación del amor conyugal, la gracia para vivir felices y alcanzar una íntima y profunda amistad con Dios.
Si miramos hoy a Nuestra Señora –y en este día de la semana, el sábado, muchos cristianos la tienen especialmente presente–, vemos que en Ella se dan de modo sublime esas dos posibilidades que en el resto de las mujeres se excluyen: la maternidad y la virginidad. En nuestras tierras la llamamos muchas veces simplemente «la Virgen», la Virgen María. Y la tratamos como Madre. Fue voluntad de Dios que su Madre sea a la vez Virgen. La virginidad ha de ser, pues, un valor altísimo a los ojos de Dios, y encierra un mensaje importante para los hombres de todos los tiempos: la satisfacción del sexo no pertenece a la perfección de la persona. Las palabras de Jesús cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dadas en matrimonio indican que «hay una condición de vida, sin matrimonio, en la que el hombre, varón y mujer, halla a un tiempo la plenitud de la donación personal y la comunión entre las personas, gracias a la glorificación de todo su ser en la unión perenne con Dios. Cuando la llamada a la continencia por el reino de los Cielos encuentra eco en el alma humana (...) no resulta difícil percibir allí una sensibilidad especial del espíritu humano, que ya en las condiciones terrenas parece anticipar aquello de lo que el hombre será partícipe en la resurrección futura». La virginidad y el celibato apostólico son aquí en la tierra un anticipo del Cielo.
A la vez, la doctrina cristiana ha afirmado siempre que «el sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad.
»Ese es el contexto, el trasfondo, en el que se sitúa la doctrina cristiana sobre la sexualidad. Nuestra fe no desconoce nada de lo bello, de lo generoso, de lo genuinamente humano, que hay aquí abajo». Quienes entregan a Dios por amor todo su ser, sin mediar un amor humano en el matrimonio, no lo hacen «por un supuesto valor negativo del matrimonio, sino en vista del valor particular que está vinculado a esta opción y que hay que descubrir y aceptar personalmente como vocación propia. Y por esto, Cristo dice: el que pueda entender, que entienda (Mt 19, 12)». El Señor ha dado a cada uno una misión aquí en la vida; su felicidad está en cumplirla acabadamente, con sacrificio y alegría.
La castidad vivida en el propio estado, en la especial vocación recibida de Dios, es una de las mayores riquezas de la Iglesia ante el mundo; nace del amor y al amor se ordena. Es un signo de Dios en la tierra. La continencia por el reino de los Cielos «lleva sobre todo la impronta de la semejanza con Cristo, que, en la obra de la redención, hizo Él mismo esta opción por el reino de los Cielos». Los Apóstoles, apartándose de la tradición de la Antigua Alianza donde la fecundidad procreadora era considerada como una bendición, siguieron el ejemplo de Cristo, convencidos de que así le seguían más de cerca y se disponían mejor para llevar a cabo la misión apostólica recibida. Poco a poco fueron comprendiendo –nos recuerda Juan Pablo II– cómo de esa continencia se origina una particular «fecundidad espiritual y sobrenatural del hombre que proviene del Espíritu Santo».
Quizá en el momento actual a muchos les puede resultar incomprensible la castidad, y mucho más el celibato apostólico y la virginidad vividas en medio del mundo. También los primeros cristianos tuvieron que enfrentarse a un ambiente hostil a esta virtud. Por eso, parte importante del apostolado que hemos de llevar a cabo es el de valorar la castidad y el cortejo de virtudes que la acompañan: hacerla atractiva con un comportamiento ejemplar, y dar la doctrina de siempre de la Iglesia sobre esta materia que abre las puertas a la amistad con Dios. 
Hemos de cuidar, por ejemplo, los detalles de pudor y de modestia en el vestir, en el aseo, en el deporte; la negativa tajante a participar en conversaciones que desdicen de un cristiano; el rechazo de espectáculos inmorales...; y sobre todo hemos de dar el ejemplo alegre de la propia vida. Con nuestra conversación hemos de poner de manifiesto, descaradamente cuando sea necesario, la belleza de esta virtud y los innumerables frutos que de ella se derivan: la mayor capacidad de amar, la generosidad, la alegría, la finura de alma... Hemos de proclamar a los cuatro vientos que esta virtud es posible siempre si se ponen los medios que Nuestra Madre la Iglesia ha recomendado durante siglos: el recogimiento de los sentidos, la prudencia atenta para evitar las ocasiones, la guarda del pudor, la moderación en las diversiones, la templanza, el recurso frecuente a la oración, a los sacramentos y a la penitencia, la recepción frecuente de la Sagrada Eucaristía, la sinceridad... y, sobre todo, un gran amor a la Virgen Santísima. Nunca seremos tentados por encima de nuestras fuerzas.
Al terminar nuestra oración acudimos a Santa María, Mater pulchrae dilectionis, Madre del amor hermoso, que nos ayudará siempre a sacar un amor más firme aun de las mayores tentaciones.

Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD:


Sábado 7 de junio de 2014


El Espíritu de la Verdad, que prevalece a través de Mi Iglesia en la tierra, debe ser sostenido, alimentado y defendido, por aquellos santos siervos Míos a los que he confiado el cuidado de todos los hijos de Dios.

Los sacerdotes en Mi Iglesia pronto se enfrentarán a desafíos, lo que significa que a muchos de ellos les resultará muy difícil defender Mi Palabra. Todo lo que no es de Mí será presentado a ellos por los traidores entre ellos.

¡Cómo anhelo llevarles consuelo! y cómo haré todo en Mi Poder para llenar sus almas con el fuego del Espíritu Santo. Voy a hacer esto para que ellos se mantengan alerta, tranquilos y sin dudas, cuando se les pida que participen en la doctrina, que no va a ser de Mí. Ellos deben, como guardianes de Mi Palabra, estar preparados para permanecer leales a Mí. Pero van a ser convencidos a seguir una nueva interpretación de Mi Palabra y esto dará lugar a graves errores. Si ellos guiaran a las almas inocentes y a aquellos que son devotos Míos al error y a cometer blasfemias, serán culpables de abrazar las doctrinas del Infierno. Por eso, ellos conocerán lo que es sentir la Ira de Mi Padre.

Los sacerdotes que son Míos tendrán que renovar sus votos de amor, caridad y castidad, si van a permanecer en Estado de Gracia, con el fin de estar a Mi servicio, ya que se han comprometido a hacerlo en Mi Nombre. Tristemente, el poder del mal, que prevalecerá en contra de ellos, será tanto que muchos encontrarán la presión ejercida sobre ellos demasiado difícil de soportar. Otros abrazarán la nueva doctrina y pasarán a formar parte del nuevo sacerdocio del mundo pronto-a-ser-declarado - donde ellos ya no estarán al servicio del Dios Uno y Trino. Ellos entonces guiarán a muchas almas a la apostasía. Solo unos pocos permanecerán fieles a Mí y ellos van a consolar a los Cristianos que no se desviarán de la Verdad.....



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