La sola oración no es suficiente




“¡Perdóname querido amigo!, pero como me hallaba impedido de decir la Santa Misa por ti, recé y me sacrifiqué mucho con esta intención”.

 “Esto no basta -le dijo su amigo-, tu oración no es bastante poderosa para sacarme de estos tormentos. 

Me hace falta la Sangre de Cristo, esa misma Sangre que se ofrece en la Misa. Si hubieras guardado tu promesa, ya hubiera salido yo de ésta prisión de fuego, y si todavía me quemo en ella es por tu culpa”.



Beato Enrique Suso
Palabras de un amigo suyo que se encontraba en el Purgatorio

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