Contemplar la Humanidad Santísima del Señor en el Vía Crucis

Haced penitencia, dice Jesús al comienzo de su vida pública, como había predicado ya el Bautista, y como luego hicieron los Apóstoles en el comienzo de la Iglesia. Tenemos necesidad de ella para nuestra vida de cristianos, y para reparar por tantos pecados propios y ajenos. Sin un verdadero espíritu de penitencia y de conversión sería imposible el trato con Jesucristo, y nos dominaría el pecado. No debemos rehuirla por miedo, por considerarla inútil, por falta de sentido sobrenatural. «¿Tienes miedo a la penitencia?... A la penitencia, que te ayudará a obtener la vida eterna. —En cambio, por conservar esta pobre vida de ahora, ¿no ves cómo los hombres se someten a las mil torturas de una cruenta operación quirúrgica?». Rehuir la penitencia significaría también rehuir la santidad y quizá, por sus consecuencias, la misma salvación.
Nuestro afán por identificarnos con Cristo nos llevará a aceptar su invitación a padecer con Él. La Cuaresma nos prepara a contemplar los acontecimientos de la Pasión y Muerte de Jesús. Sobre todo, los viernes de Cuaresma, que tienen un recuerdo especial del Viernes Santo en que Cristo consumó la Redención, podemos meditar los acontecimientos de aquel día, que han quedado recogidos en la tradicional devoción del Vía Crucis. Por eso aconseja San Josemaría Escrivá: «El Vía Crucis. —¡Esta sí que es devoción recia y jugosa! Ojalá te habitúes a repasar esos catorce puntos de la Pasión y Muerte del Señor, los viernes. —Yo te aseguro que sacarás fortaleza para toda la semana».
Con esta devoción contemplaremos la Humanidad Santísima de Cristo, que se nos revela sufriendo como hombre en su carne sin perder la majestad de Dios. Acompañando a Jesús por la Vía Dolorosa, podremos revivir aquellos momentos centrales de la Redención del mundo y contemplar a Jesús condenado a muerte que carga con la Cruz (2ª estación) y emprende un camino que también nosotros debemos seguir. Cada vez que Jesús cae al suelo por el peso del madero, hemos de espantarnos, porque son nuestros pecados –los pecados de todos los hombres– los que agobian a Dios; y los deseos de conversión acudirán a nuestro corazón: «La Cruz hiende, destroza con su peso los hombros del Señor (...). 

El cuerpo extenuado de Jesús se tambalea ya bajo la Cruz enorme. De su Corazón amorosísimo llega apenas un aliento de vida a sus miembros llagados (...). Tú y yo no podemos decir nada: ahora ya sabemos por qué pesa tanto la Cruz de Jesús. Y lloramos nuestras miserias y también la ingratitud tremenda del corazón humano. Del fondo del alma nace un acto de contrición verdadera, que nos saca de la postración del pecado. Jesús ha caído para que nosotros nos levantemos: una vez y siempre».
La contemplación de esos sufrimientos de Jesús, y las mortificaciones voluntarias que hagamos deseando unirnos al afán redentor de Cristo, aumentarán también nuestro espíritu apostólico en esta Cuaresma. Él dio su Vida para acercar los hombres a Dios.


Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD:


.. La próxima vez que alguien os atormente, os trate cruel y mentalmente abuse de vosotros, hijos, si podéis recordar esto, entonces os va a ayudar a superar vuestro dolor.

Decidme esta Cruzada de Oración (75) Yo te cedo Mi Dolor a Tí querido Jesús

“Jesús yo te cedo mi dolor y mi sufrimiento a lo que Tú sufriste durante Tu agonía en el Calvario.

Cada insulto que soporto, yo te lo ofrezco en sacrificio.

Cada abuso y ataque verbal que yo sufro, te lo ofrezco en honor a Tu Coronación de Espinas.

Cada crítica injusta hacia mí, te la ofrezco en honor a Tu humillación frente a Pilato.

Cada tormento físico que soporto por las manos de otros, te lo ofrezco en honor a Tu Flagelación en la columna.

Cada ofensa que sufro, te la ofrezco en honor de la terrible tortura corporal que sufriste durante la Coronación de Espinas cuando éstas te lisiaron Tu ojo.

Cada vez, cuando te imito, cuando transmito Tus enseñanzas y cuando se burlan de mí en Tu Nombre, permite que te ayude en el camino hacia el Calvario.

Ayúdame a librarme del orgullo, y a nunca tener miedo de admitir que te amo, querido Jesús.

Entonces, cuando todo parezca no tener esperanza en mi vida, querido Jesús, ayúdame a ser valiente, recordando cómo Tú voluntariamente permitiste ser crucificado de ese modo vil y cruel.

Ayúdame a levantarme y a ser consideradi como un verdadero Cristiano, un soldado fiel en Tu ejército, humilde y de corazón contrito, en memoria del Sacrificio que Tú hiciste por mí.

Toma mi mano, querido Jesús y enséñame cómo mi propio sufrimiento puede inspirar a otros a incorporarse en Tu ejército junto con almas simpatizantes que te aman.

Ayúdame a aceptar el sufrimiento y a ofrecértelo en sacrificio como un regalo, para salvar a las almas en la última batalla contra la tiranía del demonio. Amen.”

El sufrimiento hija Mía, por difícil que sea, es un Regalo, que Yo utilizo para entregarlo a aquéllos que confían en Mi corazón para que Yo pueda salvar almas.

Tú Mi hija has aliviado Mi sufrimiento en gran medida por tu respuesta. Esto tomará un poco de tiempo sin embargo, antes de que Yo esté libre de la Cruz.

Esto sólo puede suceder cuando Yo ponga a salvo a tantas almas como sea posible en la tierra hoy.

Vuestro Jesús



Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a04-sep-2012/