Dar frutos de santidad


La Iglesia es santa y fuente de santidad en el mundo. Nos ofrece continuamente los medios para encontrar a Dios. «Esta piadosa Madre brilla sin mancha alguna en los sacramentos, con los que engendra siempre pureza; en las santísimas leyes, con que a todos manda y en los consejos del Evangelio, con que nos amonesta; y finalmente en los dones celestiales y carismas, con los que, inagotable en su fecundidad, da a luz incontables ejércitos de mártires, vírgenes y confesores».
Es fuente de santidad y la causa de la existencia de tantos santos a lo largo de los siglos. Primero fueron los mártires, que dieron su vida en testimonio de la fe que profesaban. Luego, la historia de la humanidad ha conocido el ejemplo de tantos hombres y mujeres que ofrecieron su vida por amor a Dios para ayudar a sus hermanos en todas las miserias y necesidades. No hay apenas indigencia humana que no haya despertado en la Iglesia la vocación de hombres y mujeres para solucionarla, llegando al heroísmo. 
Y son muchos, también hoy, los padres y madres de familia que gastan callada y heroicamente su vida, sacando la familia adelante en cumplimiento de la vocación que han recibido de Dios, y hombres y mujeres que en medio del mundo se han entregado por entero al Señor, viviendo la virginidad o el celibato, y, siendo ciudadanos corrientes, dan una especial gloria y alegría a Dios, santificándose en sus respectivas profesiones y ejerciendo un apostolado eficaz entre sus compañeros. La Iglesia es santa porque todos sus miembros están llamados a la santidad, «lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella».
En virtud de la santidad de su Fundador, la Iglesia, Esposa de Cristo, es siempre joven y siempre bella, sin mancha ni arruga, digna siempre de la complacencia divina. La santidad de la Iglesia es algo permanente y no depende del número de cristianos que vivan su fe hasta las últimas consecuencias, pues es santa por la acción constante en ella del Espíritu Santo, y no por el comportamiento de los hombres. Por esto, aun en los momentos más graves, «si las claudicaciones superasen numéricamente las valentías, quedaría aún esa realidad mística –clara, innegable, aunque no la percibamos con los sentidos– que es el Cuerpo de Cristo, el mismo Señor Nuestro, la acción del Espíritu Santo, la presencia amorosa del Padre».
Pidamos al Señor que nosotros, miembros del Pueblo de Dios, de su Cuerpo Místico, crezcamos en santidad personal y seamos así buenos hijos de la Iglesia Santa. «Se necesitan –dice Juan Pablo II– heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios: Para esto se necesitan nuevos santos. Los grandes evangelizadores de Europa han sido los santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad en la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy».

Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD

Con el Don del Espíritu Santo, en Mi Santo Nombre profetizarán por todo el mundo

22 de Enero, 2013


Mi Luz brillará ahora sobre las naciones a las que no se les ha ensañado la Verdad.

Allí donde no se menciona a Dios, Mi Presencia Divina, va a llenar ahora cada rincón de aquellas naciones que no me honran, a pesar de que son conscientes de Quién Yo soy. El velo de la oscuridad será levantado y, al fin, estas almas hambrientas beberán Mi Espíritu Santo y devorarán Mi Santa Palabra. Después de todo este tiempo, a ellos, mediante la difusión de Mis Grupos oración, se les dará la Verdad.

Me refiero a aquellas naciones donde vuestras iglesias están vacías, donde los Sacramentos son raramente disponibles, y donde las Misas diarias ya no se celebran más. Corresponde a vosotros, Mis amados discípulos, difundir Mi Santa Palabra, para que las almas oscuras, y las que no saben nada de Mí, sean iluminadas y, suavemente, sean animadas a venir a Mí.

Os bendigo, y por el Poder de Mi profundo Amor por todos y cada uno de vosotros, voy a aumentar vuestros grupos, en gran medida. Mis Grupos de Oración se establecerán en cada país, y con el Don del Espíritu Santo, en Mi Santo Nombre profetizaréis por todo el mundo.

Recordad todas Mis Enseñanzas. Recordad a las almas que lean la Santa Biblia, uno de los Regalos más grandes que Mi Padre os ha dado. Rezad Mis oraciones, leed Mis Mensajes Gloriosos y orad, para que podáis llegar incluso a los más duros de corazón.

Os concederé muchos Regalos y os daré instrucciones para cada paso que deis sobre el Camino de la Verdad.

Vuestro Jesús



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