El Señor permite que seamos tentados


«La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación, que culminan en la Cruz y en la gloria de la Pascua. Cuarenta días de oración y de penitencia. Al terminar, tuvo lugar la escena que la liturgia de hoy ofrece a nuestra consideración, recogiéndola en el Evangelio de la Misa: las tentaciones de Cristo (Cfr. Mt 4, 1-11).

»Una escena llena de misterio, que el hombre pretende en vano entender –Dios que se somete a la tentación, que deja hacer al Maligno–, pero que puede ser meditada, pidiendo al Señor que nos haga saber la enseñanza que contiene».
Es la primera vez que interviene el diablo en la vida de Jesús y lo hace abiertamente. Pone a prueba a Nuestro Señor; quizá quiere averiguar si ha llegado ya la hora del Mesías. Jesús se lo permitió para darnos ejemplo de humildad y para enseñarnos a vencer las tentaciones que vamos a sufrir a lo largo de nuestra vida: «como el Señor todo lo hacía para nuestra enseñanza –dice San Juan Crisóstomo–, quiso también ser conducido al desierto y trabar allí combate con el demonio, a fin de que los bautizados, si después del bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por eso, como si no fuera de esperar». Si no contáramos con las tentaciones que hemos de padecer abriríamos la puerta a un gran enemigo: el desaliento y la tristeza.
Quería Jesús enseñarnos con su ejemplo que nadie debe creerse exento de padecer cualquier prueba. «Las tentaciones de Nuestro Señor son también las tentaciones de sus servidores de un modo individual. Pero su escala, naturalmente, es diferente: el demonio no va a ofreceros a vosotros ni a mí –dice Knox– todos los reinos del mundo. Conoce el mercado y, como buen vendedor, ofrece exactamente lo que calcula que el comprador tomará. Supongo que pensará, con bastante razón, que la mayor parte de nosotros podemos ser comprados por cinco mil libras al año, y una gran parte de nosotros por mucho menos. Tampoco nos ofrece sus condiciones de modo tan abierto, sino que sus ofertas vienen envueltas en toda especie de formas plausibles. Pero si ve la oportunidad no tarda mucho en señalarnos a vosotros y a mí cómo podemos conseguir aquello que queremos si aceptamos ser infieles a nosotros mismos y, en muchas ocasiones, si aceptamos ser infieles a nuestra fe católica».
El Señor, como se nos recuerda en el Prefacio de la Misa de hoy, nos enseña con su actuación cómo hemos de vencer las tentaciones y además quiere que saquemos provecho de las pruebas por las que vamos a pasar. Él «permite la tentación y se sirve de ella providencialmente para purificarte, para hacerte santo, para desligarte mejor de las cosas de la tierra, para llevarte a donde Él quiere y por donde Él quiere, para hacerte feliz en una vida que no sea cómoda, y para darte madurez, comprensión y eficacia en tu trabajo apostólico con las almas, y... sobre todo para hacerte humilde, muy humilde». Bienaventurado el varón que soporta la tentación –dice el Apóstol Santiago– porque, probado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que le aman.




Comentarios

Cristina V. ha dicho que…
Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD:


Lunes 16 de diciembre de 2013



Mi amadísima hija, cuando estás cerca de Mi Corazón y cuando las almas se abandonan por completo a Mí, varias cosas suceden.


Primeramente, cualquier miedo de intervención humana en vuestras vidas, desaparecerá. En su lugar estará la paz y la alegría, que provienen de Mí cuando verdaderamente Yo resido en vuestro corazón y alma. Ninguna cantidad de abuso, crueldad o crítica pueden penetrar vuestra alma, porque habrán entregado este dolor a Mí. Es por esto, que debéis permanecer siempre en calma y en silencio frente a tales ataques.



La Gracia inmediata que se os dará, será la fortaleza para soportar la tentación de pecar. Esta tentación, que es colocada ante todas las almas, diariamente, por el diablo, es muy poderosa y muy pocas personas tienen la fuerza de voluntad para evitar caer en pecado. Pero cuando hayáis entregado vuestra voluntad a la Mía, es Mi Voluntad que residirá dentro de vuestra alma, la que entonces vencerá las tentaciones colocadas ante vosotros.



Nunca, nunca, subestimen cuánto de control absoluto tiene Satanás sobre la raza humana. Este poder es como una tormenta potente y así como una fuerte, feroz ráfaga de viento os puede tirar al suelo del golpe, la seducción, colocada ante vosotros por el maligno, es parecida a una fuerza, que os levantará en segundos y os impulsará/empujará al pecado, que tratáis de evitar.



El hombre nace con pecado. Mediante el Sacramento del Bautismo, el poder de la bestia se debilita. Entonces, mientras avanzáis a través de muchas pruebas y tentaciones de la vida, toda persona será seducida a todo tipo de pecado. Solo aquellos que trabajan mucho para evitar el pecado, vencerán la batalla violenta, que el maligno incrementará para devorar sus almas. La comunicación regular Conmigo es importante. Todo lo que necesitáis es hablar Conmigo en vuestras propias palabras. Pedidme regularmente que os perdone por los pecados de los que estáis arrepentidos. Recibid los Sacramentos regularmente. Después, finalmente, confiad en Mí, porque cuando lo hagáis, tengo el Poder para sacaros del abismo del pecado. Cuando entregáis vuestra voluntad a Mí, Mi Voluntad se convertirá en la fuerza impulsora para protegeros contra Satanás.



Abandonándoos a Mí por completo, perfeccionaréis vuestra alma.



Vuestro Jesús



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